
Noche de Difuntos 2009
Dedicado a la memoria de Joseph Curwen
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Durante mucho tiempo, en la noche de ánimas, la que va del día de Todos los Santos al de Difuntos, los teatros españoles vibraban al contemplar las osadías soberbias y mujeriegas del impetuoso calavera que gracias a su seducida novicia se libra de la condenación eterna.
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El Romanticismo otorgó al mito de los mitos, Don Juan, de quien Marañón afirmó que eran todo menos un galán de singular belleza y apolínea figura, toda una parafernalia más propia de los cementerios que de los palacios y mansiones. Don Juan se mueve en los cementerios como pez en el agua y, en su afán profanador, no sólo no respeta los sagrados recintos de los conventos, sino que celebra una sepulcral cena rodeado de convidados de piedra.
Don Juan se burla de los muertos y de la muerte, de calaveras y de estatuas. Es la soberbia la que le dicta aquellos versos desesperados y satánicos con los que acusa al cielo de su propia arrogancia y desfachatez. Pero mientras Tirso lo condena con castigo eterno, Zorrilla lo salva. Y de un aborto del abismo, un mozo sangriento y cruel, para el que no hubo nada seguro ni vida, ni hacienda, ni honor, gracias a Doña Inés, su ángel de amor, es salvado cuando proclama vencido y convencido:
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Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio
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«mas es justo y notorio / que, pues me abre el purgatorio un punto de penitencia, es el Dios de la clemencia, el Dios de Don Juan Tenorio»
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Una costumbre arraigada en España durante muchos años hizo que, junto con la visita a los cementerios, la representación en los teatros de la obra Don Juan Tenorio fuera normal.
Este personaje, que ya adquirió fama en la pluma de Tirso de Molina, se convertirá en el romanticismo, gracias a la versión de José Zorrilla en un gran éxito teatral y en uno de los personajes representativos del espíritu español, junto con Don Quijote y la Celestina.
La obra de Zorrilla se estrenó en Madrid en 1884 y obtuvo un gran éxito, pasando a ser obra de repertorio en las compañías de teatro, su argumento romántico, la atractiva personalidad del protagonista y su versificación fluida y pegadiza, reforzaron su éxito.
A partir del estreno, muchos jóvenes repitieron más o menos seriamente las estrofas de "la escena del sofá":
«¿No es verdad ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más clara la luna brilla
y se respira mejor?»
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Don Juan Tenorio
Ebenezer Holt
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Seguramente, la escena del cementerio y de las apariciones fue el pretexto adecuado para programar esta obra, coincidiendo con la Festividad de Todos los Santos y la de los Fieles difuntos, la idea tuvo aceptación y su representación fue casi obligada alrededor de esas fechas en España.
Soneto Roto de Henry Armitage Dedicado a Joseph Curwen
Soneto de Hechizo de Henry Armitage Dedicado a Keziah Mason
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