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SONETO ROTO


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alt Arpa
 
  
Ilustraciones de Tyndalos


 Henry Armitage



Dedicado a JMPS, Joseph Curwen


Filo negro de puñal horada las sienes y surca la frente de parte a parte
Sajando los labios de las heridas en los rebordes amargos del cuerpo
Arañando la mirada vítrea y opaca de los ojos brutales resplandecientes
De cuajo me ha arrancado la raíz del alma la sombra de lo ineluctable

Quedan hilos de sonrisas sonrosadas en filigranas dulces
Restan filamentos de latidos tiernos suavizando un dolor de luces
Remansan el flujo feliz de feroces fogonazos de blandas cruces
Funden el rostro partido rutilante al caer a plomo de bruces

Era un espíritu nutrido de pluma de ángel poblando la tenue entraña
Era un pecho rebosante de cascabeles cantarines y de la gacela el sueño
Era un torrente de profundo dulzor que cercenó la oscura y mala saña

Será un rayo de interminable fulgor y será un mensaje de líquido calor
Será el murmullo que grita la alegría y será el silencio que templa la algarabía
Será la felicidad del inmarchitable clamor y será el pozo sin fondo del amor

 

COMENTARIO DE ABDUL ALHAZRED

 
Lo más noble, lo más puro del corazón humano está en el amor. Te felicito, Dr. Armitage, por tu desgarrado llanto y me sumo al mismo elevando una antorcha de luz para quien ya es luz. Estoy convencido que si en el más allá hay destellos y sombras, Josep es una tea encendida que irradiará felicidad y armonía a quienes les rodeen.

Si donde el tiempo se dilata como un reloj dúctil que quiere ser espacio y lo es todo y es nada, allá donde se amalgaman todos los crepúsculos, donde los temores son corpóreos en su volátil entidad difusa; si habitas, Josep; donde la ausencia que ahora nos desgarra, precisamente eso es lo que amelaza mi miedo a lo desconocido, en la certeza de que tengo ganada una cabeza de puente que tensando el arco me protege y cuida con desvelos.

En tu marcha, Josep, te has llevado mi miedo para siempre y ya es sólo jaculatoria de tiempos pretéritos que endulzo con la oración diaria que, a modo de perlas, destilo para ti en el alambique de mi corazón lastimado.

En la Bética aún hay rincones que exhalan tu aroma, que parecen oír tus pasos tenues, tu plática con sabor añejo de enciclopedia, tus dulces maneras y tus silencios cómplices. ¡Espérame, Josep, espérame en el abrazo que sellará este exilio! Guarda para mí un leve espacio en tus aledaños, allí donde la cordialidad mora con toda garantía y se ahogan los afanes; perdona, Josep, perdona mi distancia, mis faltas y mis equívocos; quédate con mis arrumacos, con mis canciones melodiosas, con los mimos de mi admiración y cariño para siempre.